1.8.07

Ocho Bolas


El Miope Mayor extiende su invitación. Con un clavel entre los dientes accedo con veleidad placiega a esta feria de simpatías. Eso sí: juego a medias.

I. ¿Yo?:

i. Maniquí de escaparate que ofrece su desnudez en un montón de basura

ii. Esqueleto de televisor abandonado bajo la lluvia.

iii. Organillero de monsergas en la montaña.

iv. Sobrio catador de leña que rechaza, por principio, la molicie.

v. Microbito de Rimbaud.

(En la pantalla de su monitor, subraye la mejor respuesta y acaricie con ternura el lóbulo de una de sus orejas. Mañana cómase las uñas de los pies frente a sus compañeros de oficina.)

II. Confesiones:

i. Tarde en las noches, la muerte suele llamarme estúpido en las peñas literarias. Yo le río coqueto; y la desentendida termina por regalarme la visión de una axila fresca y recién depilada en el momento justo en que le da por apretarse la cola de caballo.

ii. Digo Yo, y arrastro un par de alas que no me pertenecen.

(Sobre la superficie de la pantalla del monitor pase suavemente la yema de su índice. Luego proceda a rozarlo levemente con la punta de su lengua. Un chasquido nada más. Mañana frótese el vientre en el espacio cerrado de un confesionario.)

III. Pop that cherry (final en clave electrónica):

i.i. Oigo Miura. Su abrasivo minimalismo es hechizante. Por agudos momentos me lleva a dar con las aguas potencialmente borrascosas de la atemporalidad. Falsa alarma. Esta pieza cuenta con una estratégica embocadura retro que me rehistoriza. Nuevamente allí estoy yo: haciendo palmas al estilo disco en un cubil de ortivas bestias setenteras que han logrado superar el boom de otras décadas lisérgicas. Tras esa cortina de "violines" esporádicos vuelvo a estar: ahora soy un cromagnon en busca de su pitecántropo de Java en medio de la pista de baile. Dulce beat.

i.ii. Oigo I Used To Dance With My Daddy. Su atmósfera queer no perturba. De espíritu ochentero, esta canción deja una marca ácidamente camp. Hay un dejo de Talking Heads y eso me gusta. Me desdibujo. Otra vez soy un chamaquito inseguro fumando en el Burger King de la esquina. No dejo de sentir cierta respiración sobre mi nuca.

i.iii. Oigo Mirrorball. Oscuridad de antro a principios de los 90. Organicidad electrónica. Resonancia grave para ir saliendo del pub. Techno atmosférico para decidirse a enfrentar la ciudad. Pulso rítmico en vías de calibrar -casi con obligación- la textura quebradiza del amanecer. La canción me deja solo. Estoy de vuelta en un espacio urbano (demasiado urbano), cuyos anuncios anuncian nada a nadie.

("Nosotros no necesitamos ningún otro héroe" dice Tina Turner, y su voz sale de la parte más oscura de un equipo de alta fidelidad. Hoy tendré que desgastar un poco más la dureza de mis codos sobre el mostrador rasposo de algún bar.)

***

Reglas (para romper):

1. Cada jugador dice 8 cosas sobre sí mismo.
2. Las personas que han sido seleccionadas por el jugador tienen que escribir en su blog 8 cosas sobre ellas y escribir las reglas.
3. Al final de tu escrito tienes que seleccionar a otras 8 personas y escribir sus nombres/blog.
4. No te olvides de dejarles un comentario - que han sido seleccionadas para este juego - y leer su blog.

(Juegue el que quiera)

2 Comentarios:

Blogger El Miope Mayor said...

Rodrigo:

1. No me comeré las uñas de los pies frente a mis compas de la Oficina, pero escojo el esqueleto de televisor abandonado bajo la lluvia. Me recuerda una foto similar en un motel de Lee Friedlander.
2. No hay que excusarse para decir Yo. Basta con ser gago.
3. Aquí estamos, en la blogosfera, otro bar para sofocar melancolías.

7/8/07 9:41 a. m.  
Blogger Rodrigo Köstner said...

Entre una foto de motel y un bar cibernético: la tartamudez como un dilema existencial.

Me gusta eso.

El problema radica en terminar encontrando el cortauñas en el fondo de la olla de habichuelas.

Saludos, pues.

8/8/07 6:44 p. m.  

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